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miércoles, 27 de julio de 2016

[Pensamientos nocturnos] Aislamiento creativo


¡Hola, mininos! De nuevo vengo con una entrada de debate sobre un tema que se me ocurrió mientras estudiábamos a Emily Dickinson. Si os acordáis de lo que os comenté en la reseña de Carta al mundo y otros poemas, entenderéis por qué esa peculiar autora me inspiró a escribir esta entrada. Sin embargo, no quiero quedarme ahí, quiero hablar de lo que conlleva (o no) convertirse en escritor. ¿El ostracismo es necesario? ¿Tiene una persona que recluirse y aislarse socialmente de forma notable para poder desarrollar sus habilidades artísticas?

Emily Dickinson nació en 1830 en Amherst, Massachusets. Pertenecía a una familia con unos valores muy tradicionales; su padre era una figura política importante en la ciudad, le compraba muchos libros pero le rogaba que no los leyera porque nublaban el sentido, y su madre se limitaba a hacer las tareas del hogar sin preocuparse demasiado por nada. Su padre murió de un infarto, su madre quedó en estado dependiente al sufrir otro y Emily y su hermana Lavinia se vieron obligadas a cuidar de ella cuando su querido hermano mayor, Austin, se casó y se mudó. A partir de 1860, Emily se recluyó en su casa sin prácticamente establecer contacto con nadie del exterior. Mantenía correspondencia con algunos amigos, puede que incluso tuviera algún que otro novio a distancia, hablaba con las pocas visitas que tenía a través de la puerta semi abierta de su habitación y se vestía siempre de blanco. No se sabe muy bien el por qué de todo esto. Muchos creen que tenía agorafobia, depresión o que se había metido tanto en su papel de poetisa que por eso se tornó tan excéntrica. Sea como sea, este fue su periodo más productivo como autora. ¿Coincidencia? J.D. Salinger tampoco salía demasiado, al igual que Proust, mi adorado Patrick Rothfuss tiene una cabaña sin conexión Wi-Fi donde pasa horas y E.A. Poe no es conocido precisamente por ser muy sociable, como ya vimos en otra entrada de esta sección. Todos son grandes autores. ¿Coincidencia?

A lo que quiero llegar es que como devota lectora y escritora aficionada sé que la literatura muchas veces implica soledad, especialmente en el caso de la escritura. No me malinterpretéis, una vez realizada una lectura puedes charlar sobre ella y siempre puedes leerle a alguien, obviamente, pero en sí mismo el mundo de los libros es bastante individualista. Escribir un libro... es un proceso mucho más complicado y duro. La literatura transmite ideas y sentimientos de todo un colectivo mundial, esa es una de las cosas que más me gusta de ella, y sin embargo para leer o escribir solo te necesitas a ti mismo. Me gusta leer, me gusta escribir, pero en ocasiones he tenido que decir a mis amigos que no quería/podía salir, me he pasado la noche entera leyendo/escribiendo historias mientras todos dormían y, sí, he tenido que soportar comentarios de mi familia o amigos sobre lo poco que se me ve el pelo en todas y cada una de sus variantes, expresiones y tonos.

Ya en pleno siglo XXI, me alegro de que se esté intentando ampliar los horizontes de los amantes de las letras. Con la funcionalidad de las redes sociales y su capacidad para fomentar la comunicación a nivel mundial, el surgimiento de lo que se conoce como Booktube, el auge de la blogosfera estos últimos días y el fomento de quedadas, festivales y ferias, creo que se puede decir que más que nunca se quiere hablar de libros. Yo, por mi parte, no puedo más que apoyar la causa siempre que puedo, ya que de no ser por mi pasión por los libros no habría conocido a algunas personas que son imprescindibles en mi vida. ¿Significa eso que no hay que sacrificar un poco (aunque se haga de forma voluntaria, ojo) nuestra vida social para disfrutar de la literatura? La verdad es que lo pienso y me vienen a la cabeza las miles de páginas de agradecimientos de las novelas que leo y nunca falta una disculpa a X por dedicarle mucho tiempo al arte de escribir, por aguantar las ausencias, por entender que uno necesita aislarse.

Escribir, mucho más que leer, es una tarea difícil y supongo que no se valora como se debería. Que los libros no crecen en los árboles, que las oraciones no se forman solas, que los personajes no cobran vida y vuelan por las páginas tomándose un Redbull, aunque más de uno desearía que así fuera. Escribir implica reflexionar, crear, pensar y repensar y eso, sintiéndolo mucho, suele conseguirse en soledad. Puede que ya lo sepáis, pero yo estoy intentando terminar mi primera novela; seguro que muchos de vosotros también (si es que no lo habéis conseguido ya). A veces me apena pensar que me he perdido cosas especiales por estar aquí sentada, tecleando y pensando en cosas que no existen. Luego recuerdo que lo hago porque me gusta, claro, porque es un reto para mí y me gusta superarme, porque sería la persona más feliz del mundo si publicase mis historias algún día. No obstante, esa pena no se esfuma, sigue ahí, aunque esta vez la he metido bajo la alfombra. No sé. ¿Soy la única que ve algo triste en todo esto? 

Sé que los libros, como todo, requieren esfuerzo. Sé que la creatividad, como todo, tiene un precio. Sé que esta entrada, como todo, es solo una visión un tanto melancólica de lo que supone ser escritor. Sé que mis palabras, en realidad, no son más que una excusa barata para pedir perdón a esa gente que me quiere haga lo que haga y tarde lo que tarde en hacerlo.

¿Vosotros qué pensáis? ¿Creéis que es bueno aislarse tanto para dedicarse por completo a la literatura? ¿También escribís? ¿Compartís mi visión un tanto melancólica de este asunto?

 Lilly.

lunes, 7 de marzo de 2016

[Pensamientos nocturnos] Poe y los universos incomprendidos


¡Buenos días, mininos! Hoy vengo con una nueva entrada de la sección de debate, Pensamientos nocturnos. Como ya sabéis, estudio Filología inglesa de modo que tengo que leer muchos clásicos en inglés. Este año tengo la asignatura de Literatura norteamericana y, gracias a los cielos, el otro día estuvimos hablando de Edgar Allan Poe. Todos conocemos ese nombre, seguro que más de uno piensa al instante en el capítulo de los Simpsons donde se recrea su poema El cuervo (Homer sentado en una gran butaca en una mansión, un cuervo con la cara de Bart diciendo: ¡Nunca más! ¡Nunca más! Seguro que os suena). Bueno, pues cuando mi profesora nos estuvo contando sobre su biografía se me quedó una sensación de tristeza en el cuerpo que ha hecho que sienta verdadera curiosidad por este autor.

Poe nació en 1809 en Boston (Estados Unidos) y murió a los cuarenta. Su padre abandonó la familia cuando él apenas tenía unos años y su madre murió poco tiempo después. Por lo tanto, se convirtió en huérfano y fue adoptado por la familia Allan. Nunca se llevó bien con su padre adoptivo, pero a su madre adoptiva, Frances, llegó a quererla muchísimo. Asistió a la Universidad de Virginia durante un año; no obstante, se dio cuenta de que no encajaba y trató de buscar su lugar en el ejército, aunque allí tampoco lo encontró. Frances murió y él cortó toda relación con su padrasto, de modo que se marchó de allí. Uno de los datos más inquietantes de su biografía es que se casó con su prima, Virginia Clemm, la cual sólo tenía trece años. Todo apunta a que se querían de verdad y a que Poe era un esposo gentil y preocupado. Dos años después de la muerte de Virginia moriría el autor. Hay muchas especulaciones respecto a las causas, y es innegable que era aficionado al alcohol, pero no hay ninguna teoría probada.

Os cuento esto porque una de las cosas que me parecieron más interesantes de la clase del otro día fue la eterna pregunta de: ¿Fue Poe una víctima de sus circunstancias personales? ¿Por qué, aunque es considerado uno de los grandes autores, sigue siendo infravalorado en muchos sentidos? En su época se le consideraba un hombre rarito, solitario, depresivo, alcohólico y puede que incluso loco. Nadie supo apreciar la complejidad de sus obras y mucho menos que desperdiciara su tiempo analizando libros y relatos que ya habían sido escritos. Porque, por si no lo sabíais, Poe también es considerado el primer crítico literario americano (de hecho no tenía muy buena fama por ser un crítico sarcástico y exigente) y eso en aquellos tiempos no tenía ni pies ni cabeza. Además, es pionero del género detectivesco, la inspiración del tan conocido Sherlock Holmes, y de los cuentos como tal.

Sin embargo, ni siquiera hoy en día tiene más apodo que el de escritor maldito. Poe hizo valiosísimas aportaciones a la literatura y a la crítica, defendió que la labor del escritor es complicada y que éste debe ser muy meticuloso con cada detalle, entre otras muchas cosas. Sus obras derrochan sordidez y crueldad, se nota en todo momento la influencia del gótico, pero también tristeza, nostalgia por los seres amados e incluso ternura. Supongo que no es un autor que le guste a todo el mundo, especialmente aquellos cuentos que resultan realmente macabros y sádicos precisamente porque muestran el lado más oscuro de la esencia humana. Sin embargo, el elemento psicológico que hay detrás de sus palabras a mí me maravilla. En clase hemos leído El cuervo, Annabel Lee y El barril de Amontillado, una selección variopinta de sus obras. El cuervo me fascina, os recomiendo que busquéis algún vídeo en Youtube en el que se recite porque transmite emociones a rabiar; Annabel Lee es un poema bonito, tal vez un poco esperanzador; y El barril de Amontillado es un cuento de terror con todas las letras, escalofriante.

Os preguntaréis por qué hablo de esto, si no viene a cuento (aunque sí hablo de los de Poe, guiño guiño), pero quería dedicar esta entrada a un autor que no ha sido valorado como debía, a todos aquellos que por múltiples razones, ya sea innovaciones técnicas como de temática e incluso la propia personalidad, han sido despreciados y relegados de algún modo al olvido. Pues no, lo más evidente no es siempre sinónimo de calidad, al igual que tampoco lo es el éxito. Seguro que hay much@s más autor@s en esta situación, talentosos pero invisibles debido a la sociedad, y esto no es más que una lanza a favor de todos ellos.

¿Os gusta Edgar Allan Poe?¿Conocéis otr@s autor@s que no hayan tenido la importancia que merecían? 

Lilly